El operador de autobús que convierte sus rutas en momentos de alegría para la niñez

– Jacinto Ortiz no necesita un escenario ni reflectores. Le basta su unidad, un traje de colores y las ganas de darle a otros lo que él nunca tuvo.

CIUDAD VALLES – Hay personas que hacen su trabajo, y hay personas que hacen algo más. Jacinto Ortiz pertenece al segundo grupo.

Este 30 de abril, Día del Niño, el operador de la unidad 75 del transporte urbano de Ciudad Valles no llegó al trabajo con su uniforme habitual. Llegó caracterizado como payaso, con un traje de colores encendidos, su autobús engalanado con decoraciones infantiles y los brazos cargados de dulces, pelotas y juguetes.

Lo que para muchos fue simplemente abordar el camión de siempre, para decenas de niñas y niños se convirtió en una sorpresa que no esperaban encontrar en una mañana de miércoles.

Una herida convertida en regalo

Detrás del maquillaje y la sonrisa pintada hay una historia que vale la pena escuchar. Jacinto no habla de su iniciativa con orgullo presumido, sino con la honestidad sencilla de quien actúa desde adentro.

En esa frase corta cabe una infancia difícil, una decisión personal y una generosidad que no pide reconocimiento. Jacinto no transforma su dolor en amargura. Lo transforma en pelotas de colores y en caramelos que pone en manos de niños que, quizás, tampoco están teniendo una mañana fácil.

Una tradición que crece parada a parada

Este no es un gesto aislado ni improvisado. Quienes conocen al operador saben que la celebración a la niñez se ha convertido en una tradición que él mismo sostiene con recursos propios en fechas especiales.

Sin respaldo institucional ni campaña de imagen, Jacinto financia sus obsequios, prepara su disfraz y decora su unidad por convicción propia. En un sistema de transporte donde la queja suele ser el pan de cada día, su autobús se convirtió hoy en un espacio donde los usuarios —adultos incluidos— bajaron con mejor cara que con la que subieron.

Un recordatorio desde el asiento del conductor

En Ciudad Valles, como en muchas ciudades del país, el transporte urbano es una necesidad básica que millones de personas usan sin pensarlo demasiado. Es parte del fondo, del ruido cotidiano.

Jacinto Ortiz, desde el asiento del conductor de la unidad 75, recordó hoy que cualquier espacio puede ser transformado si quien lo ocupa decide hacerlo diferente. Que un autobús puede ser también un lugar de fiesta. Que una ruta puede ser, por un día, un camino hacia algo más que el destino marcado en el letrero.

Y que a veces, la bondad más genuina no viene de grandes gestos ni de grandes presupuestos, sino de alguien que decidió que los niños de hoy merecen lo que él no tuvo.