– Autoridades tenek y náhuatl de Tancanhuitz firmaron un pronunciamiento urgente en rechazo a los planes de exploración de gas y petróleo mediante fracking en su territorio.
TANCANHUITZ, SLP – El pasado 8 de marzo, mientras el país conmemoraba el Día Internacional de la Mujer, en el Municipio de Tancanhuitz, San Luis Potosí, decenas de autoridades comunales de pueblos Tenek y Náhuatl se reunieron para firmar un documento que puede definir el futuro de su tierra, su agua y su cultura.
El comunicado, dirigido directamente a la Presidenta de la República, Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, expresa el rechazo rotundo de estas comunidades ante lo que describen como un giro alarmante en el compromiso de gobierno número 75 de los “100 Puntos de Gobierno”, donde se prometió explícitamente la prohibición del fracking.
“La Huasteca no es una zona de sacrificio”
Con esas palabras, líderes comunitarios, jueces auxiliares, comisariados ejidales y delegados municipales de localidades como Pozo Blanco, Cuechod, Tzacánam, Las Armas, Guadalupe Victoria, El Tamarindo y San José Pequetzén, entre otras, pusieron su firma y su sello en un documento que resume el miedo colectivo de toda una región.
Y ese miedo tiene nombre y cifras concretas: el proyecto afectaría directamente a 3,268 localidades habitadas en su mayoría por familias indígenas que ya enfrentan décadas de pobreza y marginación. Además, pondría en riesgo 1,019 cuerpos de agua —ríos, manantiales y acuíferos— en una región cuya identidad y sobrevivencia están íntimamente ligadas al agua.
El fracking con otro nombre sigue siendo fracking
Uno de los puntos más contundentes del pronunciamiento es el rechazo a lo que llaman un cambio de etiqueta: el gobierno ha comenzado a referirse a la extracción en yacimientos de “Geología Compleja” para evitar la palabra políticamente costosa. Pero los firmantes son claros: la naturaleza del recurso en la Cuenca Tampico-Misantla exige, por física, la fracturación hidráulica.
“Aunque se use ‘reciclaje de agua’, el impacto estructural —sismicidad inducida y liberación de metano— sigue siendo inherente a la técnica”, señala el documento.
Un territorio sin “tierras de nadie”
Otro argumento central es el de la densidad poblacional. A diferencia de los desiertos de Texas, en el oriente de México prácticamente no existen zonas despobladas. Cualquier pozo estará cerca de una fuente de agua o de una comunidad agrícola, advierten.
El comunicado también cuestiona la viabilidad de una “consulta indígena” genuina cuando ya existen metas de producción establecidas en un Plan Nacional Estratégico. “No se puede tener una meta fija y decir que la decisión no está tomada. ¡No somos ingenuos!”, se lee en el texto.
Una petición formal y una advertencia
Las comunidades firmantes no solo rechazan los planes extractivos: solicitan formalmente una audiencia directa con la Presidenta Sheinbaum y dejan claro que no otorgarán su consentimiento previo, libre e informado a ninguna iniciativa de PEMEX o cualquier otra entidad que ponga en riesgo su existencia, su agua o su biodiversidad.
Invocan para ello el Artículo 2° Constitucional, el Convenio 169 de la OIT y la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
La historia y la tierra nos observan, concluye el documento. No permitiremos que el progreso de unos pocos signifique el exterminio de nuestra cultura y nuestra vida.




